Cruzando el río estabas sobre escarcha caminando a risas claras y yo en suspiro de tantas ganas sonrojo y sonrío. El río de tela soplaba a galope amarillo tu pelo separaba ¡ay!, el viento atardecido al invierno te llevaba mientras yo, a la sombrilla de una flor me aferraba. De lejos, ennubecido un volcán te llamaba todo lleno de nieve el cono se paraba. Vos, soñorecido señor, me saludabas y así, enblanquecido de norte y sur jugabas: las gotas del rocío allá, ‘tan congeladas. —- Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. […]
Sueño Seguido
