Cafe con Mistica

Juana, La Papisa

Por: Espíritu Libre
Edición: Iris Monge

Hubo un tiempo y una única vez en la historia del papado católico en la que el Sumo Pontífice fue una mujer. Si bien en los registros históricos se encuentran varias versiones de este singular personaje, la más afirmada y con mayores probabilidades la sitúan a mediados del siglo IX e.c. en una época en la que (injustamente como tantas otras) los derechos y los roles de las mujeres estaban restringidos y supeditados a legislaciones y mandatos patriarcales-machistas; entre otras cosas el acceso a los conocimientos les estaba vedado y fueron pocas las excepciones y menos aún, lo que pudo haber quedado registrado acerca de que las mujeres llegaron a lograr puestos de poder y control sobre sistemas-mundos; ni pensar la lunática herejía de que una mujer pudiera ocupar un cargo Papal.

Testimonios convincentes y argumentos válidos discuten desde hace siglos si es cierto o leyenda que existiera un Papa mujer. Y ya sea Agnes o Gilberta el nombre con el que la bautizaran sus padres, pasó a la lista de los innumerable enigmas y fenómenos humanos −que hasta este siglo XXI permanece sin resolver− con el nombre de Juana (Joanna/Johana/Joan) o más precisamente como: La Papisa Juana. Cuestión de fe o de azar, la verdad sobre este personaje queda echada a la suerte de una moneda y los símbolos de una carta.

Nació en Ingelheim, Alemania, en el año 822. Siendo hija de un monje que predicaba los Evangelios estuvo familiarizada con la liturgia religiosa desde niña, textos que leía a escondidas de su padre. De a poco, y con la constancia propia del intelectual, aprendió el griego, lengua que le permitió leer la Biblia (que en esa época se encontraba traducida a pocos idiomas) e introducirse en el mundo de las filosofías y ciencias helenas. Esto le abriría las puertas de Constantinopla y Atenas en su momento. Antes, debió enfrentar el reto de realizar estudios clericales siendo mujer, que estaban dirigidos únicamente a varones, pues era “asuntos de hombres”. Tuvo entonces que ingeniarse algún subterfugio para llevar a cabo sus intenciones. Pero nuestro personaje tenía a favor su inteligencia, valentía y determinación, y su único “impedimento” era su condición de mujer. La respuesta se le manifestó con claridad, y como Porcia en El Mercader de Venecia (William Shakespeare) en adelante vistió ropas masculinas y paso a llamarse: Johannes Anglicus (Juan el inglés). Con su nueva identidad pudo recorrer las más importantes abadías de Francia; en Constantinopla entabló relación con la Emperatriz Teodora; en Atenas estudió medicina con el rabino Isaac Israelí y en Germania sirvió en la corte del rey de los Francos Carlos el Calvo. En cada lugar se volvía más erudito y a cada paso su fama se extendía. Llegado a Roma, “Juan, el inglés” profundizó sus estudios en las artes liberales (trivium y quatrivium) y comenzó a ejercer magisterio. Su talento y erudición atrajeron la atención de la Curia romana, lo que le llevó a ser electo secretario de asuntos internacionales del Papa León IV; Tan alta era la estima por su conducta y desempeño, que, a la muerte de éste, fue elegido su sucesor, consagrado Papa con el nombre de Benedicto III (hay relatos que dicen que fue Juan VIII). Su papado duro dos años, siete meses y cuatro días en los cuales gobernó con presteza y dedicación.    

A los momentos de ser elegido Papa, Juana estaba acostumbrada a su papel: había aprendido y dominaba los gestos, posturas y usos varoniles. Nunca hubo atisbo de duda respecto de su original identidad.

El advenimiento de la verdad acaecería de manera dramática. En abril del año 858 dirigía una procesión de Rogativas, y en una parte del trayecto comenzó a descomponerse al punto de caer de bruces. Las personas se agolparon en multitud para ver lo que ocurría y porqué estaba el Papa en el piso. El asombro y el pavor les apoderó, expresándose en sus ojos, que desorbitados miraronn aparecer debajo de las ropas y entre las piernas del Papa, un bebé recién nacido.

Atónitos, primero, por la incomprensible sorpresa y furiosos, después, por la horrible herejía que se manifestaba apocalípticamente cual escena de La Divina Comedia de Dante Alighieri, la multitud se convierte en turba y el Papa devenido Papisa es lapidado junto a su hijo/a. Dos alumbramientos se produjeron aquel día de Abril: primero, el nacimiento de un niño/a, y segundo, como consecuencia de lo anterior: su original identidad de mujer fue develada.

Hemos dicho que “la verdad sobre este personaje queda echada a la suerte de una moneda y los símbolos de una carta”, y no es solo una expresión metafórica. Antiguas monedas podrían ser la clave que resolviera este enigma histórico-religioso, poniendo en jaque las discusiones sobre el papel que ocuparon las mujeres en la Iglesia. En 2018 arqueólogos de la Universidad Australiana de Flinders, a raíz de sus investigaciones sobre el enterramiento de los Papas, descubrieron denarios de plata en los cuales en uno de sus lados se encontró un monograma que correspondería a Johannes Anglicus (la Papisa Juana). La autenticidad de este nuevo descubrimiento se sostendría con crónicas de la época que afirmarían la existencia real de un Papa mujer. Y, la segunda parte de la frase (“…los símbolos de una carta”) hacen referencia al Arcano del Tarot, LA • PAPESSE (La Papisa)
¿Qué tienen en común o cómo se relacionan? En principio, no es equívoco pensar que esta carta es una alusión, referencia o reivindicación a la leyenda o grito a voces de La Papisa; errado sería creer que es mera coincidencia. Veamos entonces cuáles son sus vínculos: La Papisa, Arcano II, número asociado a la dualidad en las numerologías corrientes; quizás por la doble identidad de Juana. La Papisa simboliza lo oculto, el estudio y el aprendizaje, y en algunas ilustraciones del Tarot Marsellés incuba un huevo blanco, símbolo de una doble gestación: del huevo y de sí misma; Juana se preparó por años hasta llegar a ser Papa e incubó en su vientre un hijo. La Papisa sostiene un libro abierto en sus manos, apegándose a la labor del conocimiento; Juana fue asidua estudiante y erudita reconocida. En algún estudio más profundo sobre el Tarot hablaremos en detalle sobre éste y cada uno de los Arcanos, pero éstas son por ahora, las características que harían referencia de este personaje en particular.

Hayan sido confusiones de nombres en los registros o apodos con sorna por cualidades físicas, gestuales o modos de ejercer como Papa; imaginario popular o caso real, el enigma de la Papisa Juana ha generado controversia entre eruditos e investigadores (historiadores, arqueólogos, teólogos y demás) y ha motivado a artistas, generado tanto escepticismos como credibilidad en el común de las gentes.

En el Museo Vaticano, se conserva la sedia stercoraria que, se cree que a partir del caso de Juana pudo haber sido una manera de comprobar la virilidad del Papa, quedando ilustrada por Lawrence Banka en el Siglo XVII en la escena de comprobación de masculinidad del Papa Inocencio X con una viñeta en la que un encargado, con sus manos colocadas bajo la silla, expresa «tiene dos y cuelgan bien». ¿Una silla comprobatoria?, ¿una honorable letrina?…


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