Cafe con Mistica

Besos de Mariposa

Era Mayo y otoño.
El sol iluminaba al cielo con un vívido celeste, y yo me había transportado a otro lugar desconocido, cercano al presente, pero jamás imaginado.
Habían colores en la mesa, tantos que no sabría cuál era más apetecible para posicionarlo como protagonista.
Las plantas eran raras pero hacían Dejavús en mi mente, tratando de llevarme cada vez más lejos para abandonarme el cuerpo.
Más de alguna vez me tuve que doblar las antenas para volver y lograr verle las pestañas a un hombrecito que estaba allí conmigo para guiarme y traspasar unos caminos repletos de espumillas, crema dulce inflada y al fondo, después de morder el chocolate frío, el cielo se detuvo a iluminar la ciudad con su Gerbera rosada gigante, dejando halos de ese mismo color, tan brillantes que parecían vítreos… con inhalables espíritus que nos hacían reír a carcajadas antes y durante algunos, muchos, sutiles besos,
volátiles y únicos que solo existían con él: emperador de astros meridionales, hombre con deditos multigomitas y ojos de sigilosas estrellas que dejaban caer su mirada como quien cierne polvos que pudieron dar forma a lo soñado.


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