Cafe con Mistica

Fugacidad perpetua II

Se llama al acaloramiento local
con los ojos entreabiertos
cabalgándosele
en el entrepelo enredado,
o los remolinos de las sienes.

Fulguran raudos los ojos
fulminantes
chocando y rebotando
por los techos y paredes de aquel amplio cúbico,
y vagos,
se nos pierden en la bruma
solecida
(o siendo sólo) lámpara roja
en oscuridad sin luna y sin espacio
relámpagos de sulfúrico incendio.
Se han ido los ojos para no vernos lamer diminutos seres doblando la memoria.

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

¿Necesitas mas información?
A %d blogueros les gusta esto: